Mi vida transcurre a un ritmo turístico. Cada mañana salgo de Sabiñánigo, Puerta del Pirineo, hacia el  Valle de Tena. Trabajo en el Parque Faunístico de los Pirineos, Lacuniacha, un bioparque enclavado en el corazón del Pirineo oscense y del que os hablaré otro día para que lo conozcáis a través de mis sentidos.

Sigo mi ruta hacia Piedrafita de Jaca. La belleza y singularidad del paisaje que veo en mi recorrido me lleva, en ocasiones a detenerme y fotografiar momentos: el voraz salto de agua en el entorno de Santa Elena, los colores del otoño que todavía tiñen los bosques.

Pese a toda apariencia, esto que hago cada día no es turismo. Y qué diferencia hay, os preguntaréis… Pues bien, como primer requisito para que mi actividad se considere turística sería estar en un lugar diferente al de mi residencia y trabajo habitual. El segundo requisito sería la motivación del desplazamiento: lúdica, vacacional, laboral pero en este último caso siempre que la remuneración no se obtenga en el lugar visitado, e incluso asistencial o curativa. El tercer requisito es la temporalidad del desplazamiento y de la estancia, pues cuando nos desplazamos para largas temporadas satisfacemos las necesidades de transporte, alojamiento, manutención de modo similar a los residentes.

 


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